jun 2, 2007
Mediatic Festival 2007
Viernes 11 de mayo de 2007.
Llegamos Gonne (mi fotógrafo) y yo al camping del festival a eso de las 17 horas. No había casi gente. Era como Miedo y Asco en Las Vegas pero sin drogas, con la playa al lado, y sin hoteles ni cadillacs. Está bien, no tuvo nada que ver con Miedo y Asco en Las Vegas.
Un cartel quizá demasiado variado favoreció la mezcla de público: quinceañeras con sus padres enrojecidos por el sol levantino, habitantes del pueblo, que es una colonia de europeos de varios lugares… algo de gente “normal” y bastantes heavies.
Poca prensa, precios altos y una organización buena en general: que eso ya es decir mucho para un Festival de estas características. Ahí va lo que pasó en el finde:
“Truco o trato”
El Mediatic 2007 confundió las últimas pruebas de sonido con el concierto de Trick or treat. Ante un escaso público, cosa que no merecieron, los jienenses desplegaron un buen arsenal de rock pesado acompañado de la melódica voz de su cantante. Una agradable mezcla de sonido americano y letras en castellano con una clara línea temática: el amor.
Sin dejar de ser una banda novel, aunque han destacado en varios concursos estatales, extraña su saber estar sobre el escenario y su fuerza instrumental. Ningún virtuosismo que tapara su sonido sencillo y cercano a afinaciones metaleras. Un buen plato para abrir boca en uno de los escenarios grandes.
Cada vez más…
Cada vez hay más cantautores. Proliferan músicos de estudio que trabajan aquí y allá, con éste y con aquel. Quizá le quite algo de romanticismo al grupo de amigos que hacen música y comparten un sueño, pero profesionaliza la industria. Eso es lo que pensé mientras veía a Jere, a las 20 horas del caluroso viernes en uno de los escenarios principales del Mediatic. Me sonó a rock y más aún, una canción sobre la muerte de José Couso, y dedicada a todos los periodistas silenciados, me dijo: este chico vale. Un cantautor rodeado de estupendos músicos que ofrecieron una hora bien aprovechada de poprock variado e interesante que a veces me recordó al Albertucho más melódico.
Todo Altraste
Los tinerfeños Altraste ofrecieron un repertorio suave pero animado de pop rock intimista. Juntado con percusiones latinas, dotaba al ambiente de un aire isleño agradecido por el público, que de inexistente pasó a acercarse tímidamente desde sus tiendas de campaña. Casi a la hora de la cena, en el escenario Rockstone, estos chicos demostraron que la tranquilidad insular no es un tópico. Letras reflexionadas que recordaron a los grupos argentinos de culto y que se hicieron eco de una vocación muy marcada: mezclar sentimientos y música sin ninguna pose.
¿Dónde estaba toda esa gente?
En las tiendas, desde luego no… Un camping reducido y vacío… camareros aburridos en las barras, toda la organización a la expectativa (nunca relajada, eso sí…) pero fue salir Rosendo y la gente debió salir de debajo de las piedras, porque a las 22 horas, toda la gente que había acudido a La Nucía a ver el festival, pareció estar allí. Yo creo que hasta los de la limpieza y los de seguridad estaban moviendo sus cabezas… Empezó con Agradecido y eso se agradece, ya que le quitó al ambiente esa sensación de ausencia de bullicio, de soledad inusitada… Sin duda, el concierto más numeroso del viernes junto con Melendi. Parece que el Festival comenzaba a aparecer…
Simplemente: Standstill
Con un poco de retraso y sin ceremonias, salieron al escenario, tranquilos, seis jóvenes con pinta de bohemios europeos, y con cierto aire de misterio a su alrededor. Y es que los oyes y no es para menos: composiciones impensables y letras casi jeroglíficas que transmiten sensaciones por encima de sus argumentos. Recuerdos a Led Zeppelin o a The Mars Volta no se me quitaban de la cabeza mientras admiraba sus cambios de tempo o la disparidad de sus líneas melódicas: el batería puede llevar un ritmo frenético y la voz aportar unas lánguidas notas ambientales. Su cantante me confesó en la rueda de prensa que Vivalaguerra, su
último trabajo, supone sólo una llamada de atención, pero al entrar en el disco nos encontramos con algo muy distinto: experiencias personales y ensayos sobre la existencia. Poco que ver con la reivindicación político-social. Desde mi punto de vista, Standstill son un antes y un después en el rock de este país. Algo necesario que construye un nuevo punto de partida, sin límites musicales, para aquellos que se atrevan a seguir su estela, sin duda, arrasadora.
Problemas con el sonido
Los Ilegales, poco más allá de la medianoche del viernes abandonan el escenario. Al parecer el sonido fue la razón. Ante esto, momentos de desconcierto y murmullos entre el público, numeroso y expectante. Unos minutos más tarde, reaparece la formación, que instantes antes había maldecido a la organización por el tratamiento del sonido. Tras esto, un concierto de rock muy urbano y directo, que gustó al público congregado. Tres tíos haciendo rock desenfadado y los gajes de su oficio.
Va a llegar…
Una horda de auténticos “heavies” presenciaron la llegada del Obús… con un sonido renqueante, cosa que ocurrió en casi todos los conciertos pequeños del festival, supieron hacerse con el público, que, a las 2 de la mañana estaba en plena ebullición. Una descarga de heavy clásico a base de himnos que, unidos a la puesta en escena de Fortu y sus niños, hicieron tambalearse a los más cocidos de entre los presentes. Una guitarra bien afilada, una base rítmica contundente y la confianza de más de treinta años sobre los escenarios es lo que hace que la gente respete como se les respeta a esta banda de culto.
El descubrimiento…
Tras unos abarrotados Mojínos y un aclamado Melendi, parecía que el primer día de Festival había llegado a su fin. Nada más lejos. Los pocos rezagados y embriagadas que quedábamos por los escenarios fuimos testigos de un suceso increíble. Unas letras que sorprenden, una música variada que no sólo acompaña sino que dice algo y una puesta en escena surrealista con interpretación del líder de la banda: de la Daniel Higiénico Band. Todo un descubrimiento para mí. Pocas veces me he reído estando sólo en un concierto. Y sin haber tomado drogas… pero cada frase me regalaba una sonrisa y cada estribillo sonaba a himno, pero a himno de los que molan, los que te hacen pensar en que todo puede ir bien si aún hay gente que piensa y que hace arte, y que no se cree el mundo que venden… Para mí, y ante unas inmerecidas cien o ciento cincuenta personas, el concierto más original y fresco del festival.
Sábado 12 de Mayo de 2007. La Nucía (alicante)
Gente haciendo música
Allá sobre las 20 horas del sábado aparecen los COZ. Veterana banda de heavy rock con estética ochentera pero sin pretensiones. Gente disfrutando con la música, y se agradece… Tres guitarras y un teclado haciendo mucho ruido. Los asistentes, que en su mayoría venían desde lejos para ver a Scorpions, se encontraron con un buen aperitivo a esta hora de la tarde. Sus veinte años de experiencia se hicieron notar.
Continúa la Estirpe
Otro grupo joven que llega desde Córdoba para mostrar los distintos usos que tiene un escenario. Quizá decir NU-Metal suene esnob, pero este grupo, en una vertiente más emotiva, recuerda musicalmente a los Söber, Skunk D.F, Hamlet y compañía (cada uno con su rollo…) Sin embargo, su nuevo trabajo es una entrega acústica, El sentido de la calma, que se agradece ante un excesivo abuso de la distorsión en RE de muchos grupos. Un concierto muy potente, con el irregular sonido de las carpas pequeñas, que el público, el más joven del festival en líneas
generales, acogió con energía. Por algo este grupo recibió el premio al mejor grupo de rock en 2005 por parte de ROCKESTATAL.
CANTECA DE MACAO
Posiblemente uno de los grupos más en boga de la escena alternativa nacional. Su música son mil músicas y su actitud es pluriartística. Malabares y bailes varios completan su puesta en escena, muy cuidada y llamativa. En la estela de Ojos de Brujo, Mano negra y con la inevitable memoria del punk rock y el ská nacionales, ofrecen una rumba invadida de sonidos ilimitados: desde el reagge al rock duro sin caérseles los anillos. Una descarga de buenas vibraciones de la mano de 9 o diez multiinstrumentistas jóvenes y salvajes. Antes de Scorpions y en el escenario Toyota, demostraron que al público le gusta su mensaje de reivindicación y fiesta.
Salud, libertad y ritmo!!!
SARATOGA
Nueva formación y nuevas ganas sobre el escenario. A parte de un volumen bajo en la sonorización vocal de los primeros temas, Saratoga no ha perdido nada. Tras una rueda de prensa tranquila, Niko y su trupe: Tony, Tete y Andy, saltan al cuadrilátero y se tocan un repertorio que mezcla temas del Tiempos de guerra, del Clan de la lucha, del Lobos y varios temas antiguos que forman parte de la iconoclasta heavy de este país. Aunque Leo parecía insustituible y el Máquina sea un máquina, la supervivencia de este grupo perfila la cantidad de buenos músicos que sigue habiendo dentro de nuestras fronteras. La diferencia es que con Scorpions había unos treinta periodistas más otros tantos de la organización (y hasta las fuerzas vivas del pueblo) y, con Saratoga, nos quedamos cinco periodistas y la camarera. Como decía Ska-P: así, así, así es este país!
A la postre, un festival con muy poco público para haber llegado a los treinta y cinco mil asistentes el año anterior, y esto fue debido, desde mi humilde opinión, a lo descompensado de su cartel: demasiados grupos noveles, lo cual es bueno… y un grupo internacional como Scorpions, que atrae, pero no puede tirar él sólo de dos días de festival.
En otras ocasiones, el equilibrio entre grupos más consolidados de este país y grupos jóvenes ha dado mejor resultado. Quizá después del “Viña” y el “Villa” la gente ya no tuviera pasta, o prefiriera guardarla para las vacaciones, o quizá no convenció la propuesta de este año. Sea como fuere, había sitio en los lavabos y en las duchas, también en el camping y los conflictos fueron pocos y sin importancia. Para haber ido a trabajar estuvo bien. Para asistir como público le faltó algo. A ver que nos traen el año que viene…











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