ago 1, 2009
Springsteen manda en Benidorm
Un viaje durante una gira es lo que le hace falta para componer un puñado de buenas canciones para el siguiente disco, y así lleva cuatro o cinco encadenados…
Working on a Dream recoge algunos descartes de su anterior Magic -nadie lo diría- y es una continua y grata sorpresa que el de New Jersey, a sus casi 60 años siga empeñado en componer grandes biopics épicos como Outlaw Pete, himnos de tinte político como Working on a Dream, temazos enérgicos como Surprise, Suprise o potentes singles acústicos como el de la banda sonora de The Wrestler.
Y es una lástima que de este buen disco que da nombre a la gira sólo sonaran dos temas en Benidorm. Aunque ésta sólo sería una valoración simplista, porque lo cierto es que no importó la antigüedad de las composiciones. El público vibró con temas actuales y con otros gran reserva bien envejecidos durante más de 30 años: desde el Badlands con el que lleva iniciando sus últimos conciertos hasta los citados del último LP, pasando por Hungry Heart y Cadillac Ranch del disco The River, Waiting on a Sunny Day, Lonesome Town y The Rising del homónimo disco y (¡oh, sí!) Born to Run y Jungleland. Ésta última en toda su extension: diez minutos de temazo con un gran solo de saxofón con el que Clemons deleitó a un público que no podia estar más rendido a sus pies.
Should I Fall Behind, Radio Nowhere… el jefe siempre tiene a punto un puñado de temas en un set list impredecible a juzgar por los últimos conciertos; no se le puede reprochar que se deje algunas en el tintero porque siempre noqueará al público con un tema inesperado hasta completar tres horas de concierto. La magia del boss incluye eso mismo: no hay un tema sagrado, ni deja de haberlo: con tantas y tan buenas composiciones, es un placer dejarse sorprender en cada recital.
La magia del buen rock invadió Benidorm la noche del 30 de Julio, una E-Street Band con 11 músicos en el escenario con la sempiterna complicidad entre Clarence Clemons, Steven van Zandt o Max Weinberg. No hacían falta nuevas fórmulas; un solo de guitarra de Nils Logfren hacía innecesaria cualquier pose, cualquier posmodernismo. Rock del bueno, del mejor; nada más… y nada menos. La E-Street Band arropaba al jefe con una buena coraza: además de la formación estándar, se incluyen otras dos guitarras, saxofón, violín, piano, teclados y en ocasiones un acordeón o una armónica.
El que escribe no puede disimular su adoración por el jefe y su banda, es cierto, pero hasta siendo crítico no encontramos apenas defectos ni en el concierto ni en la organización: tres temas se tocaron a petición del público, se colocó una plataforma para minusválidos, Springsteen cantó hasta el límite de sus fuerzas, los guiños al público fueron constantes, sus frasecitas en castellano y en valenciano metieron al público en el bolsillo desde el principio (cosa en principio fácil, pero que algunos artistas con aires de divo ni se esfuerzan en hacer). Tan sólo podrían reprocharse las extremas medidas de seguridad que impedían entrar cualquier tipo de comida al recinto, provocando una montaña de bocadillos a la entrada que nadie iba a degustar. Pero el jefe supo quitar cualquier atisbo de enfado al respetable. Un público, por otro lado, cada vez más variado e intergeneracional. Da gusto ver cómo se va rejuveneciendo el perfil de seguidor de un artista que lleva en la brecha casi cuarenta años.
Se dice pronto…
Firmado: Carlos Madrid











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