
20 de agosto de 2009. Cambrils.
Un calor sofocante que sólo amainó al ponerse el sol nos daba la bienvenida a la primera de las cuatro noches que, agrupadas bajo el nombre de Cambrirock 2009, conformaron un ecléctico cartel que trajo hasta la población tarraconense música para todos los gustos. LaNflotante acudió a cubrir la única cita que hacía honor al “rock” de esa denominación, quedando los días 21, 22 y 23 reservados para el flamenco-fusión, el pop y el hip-hop respectivamente. Esta vez se presentaban juntos pero no revueltos, como sí lo estuvieron y mucho en las recientes noches sin dormir (con la participación del alma máter de Tahures Zurdos, Aurora Beltrán), dos de los grupos más emblemáticos del rocanrol en castellano.
En un lado del ring, el autodidacta de la guitarra que a principios de los 70 quedó fascinado por los sonidos que grupos como Taste, Cream o el propio Jimi Hendrix emitían desde un mundo todavía ajeno. Rosendo Mercado supo reinventarlos creando un estilo propio, a base de ritmos directos y unas letras donde se mezclan mensajes explícitos con dobles sentidos y metáforas. Un Rosendo que a base de chupar carretera y patear escenarios con honestidad y mucho curro durante más de 30 años, ha conseguido lo que para la mayoría suele quedar como una utopía de juventud: vivir de su música, una elección contra viento y marea que le ha regalado lo que él siempre ha considerado su tesoro más preciado, el cariño del público y de sus propios compañeros de profesión (a excepción, por supuesto, del siempre inestable y resentido Jose Carlos Molina).
Y en el otro rincón, quienes hace un cuarto de siglo empezaron su carrera musical atraídos por el imán que Leño supuso para los jóvenes que se aglutinaban en los barrios obreros de una España gris, donde había pocas Eva Marías, soles y playas, y sí muchas cucarachas chupando cultura y vida. Barricada han sabido añadir a su música ese toque de rabia que siempre les ha caracterizado, forjando una sólida discografía que, como suele ocurrir con este tipo de grupos, demuestra su verdadero potencial en vivo.
Ambos conciertos se celebraron en un recinto más que adecuado, asfaltado, amplio, situado a las afueras del casco antiguo de la ciudad y de fácil acceso, con una gran explanada que hacía las veces de parking. Allí se congregaron desde horas antes maleteros abiertos bañados de música y alcohol, con una mezcolanza generacional característica. Calvos curtidos con melena y chaleco vaquero departían con quinceañeros ávidos de ser rebeldes y con la cara iluminada por la ilusión de acudir a su primer concierto.
Ya en el interior, una pequeña zona de comida, una larga barra funcionando a todo trapo para dar satisfacción a la multitud que allí se congregó (los propios organizadores quedaron sorprendidos por la buena entrada que se registró), una especie de carpa con pocas sillas y mesas, y unos precios en las consumiciones que, como viene siendo habitual en los conciertos y festivales ibéricos, eran de todo menos populares (2,5 euros un vaso cerveza, 5,5 un cubata, etc.). Esta cuestión se palió en parte con la iniciativa de los vasos reciclables que tanto se ve en las fiestas populares y conciertos de Cataluña y tan poco en las de territorio valenciano: por cada recipiente de plástico duro que devolvías, se te descontaban 50 céntimos en la siguiente consumición, lo que muchos aprovecharon para limpiar literalmente el recinto recogiendo los vasos que iban quedando en el suelo, y que les permitieron beber gratis. Finalmente, urinarios más que suficientes (dos de ellos adaptados para discapacitados, un punto a favor de la organización) y dos tiendas de camisetas y demás avalorios rockeros junto con la de merchandising oficial, completaban el cuadro típico de esta clase de eventos, dejándolo todo preparado para una noche de rock donde, el hecho de que no presentasen nuevo disco ninguna de las dos formaciones, hacía prever que sonarían clásicos de ayer y de hoy. Y vaya si lo hicieron.
Barricada
Pocos meses antes de la salida al mercado de “La tierra sorda”, el nuevo trabajo conceptual de los navarros que versará sobre la Guerra Civil española, Barricada acudían a esta fecha dentro de su siempre bienvenida gira veraniega dispuestos a hacer lo que mejor saben: convertir cualquier recinto en una auténtica fiesta, a base de trallazos y buen rollo.
Con un público que ya tenían ganado de antemano, se pasaron por el forro de las Gibson el horario establecido y ofrecieron su set completo. Desde que saltaron al escenario con el divertido ritmo circense de “Sean bienvenidos”, se dispararon los bailes y coros en cada estribillo, mientras los Bogner atronaban con un sonido menos distorsionado que en otras ocasiones. Abrieron fuego enlazando “Cuidado con el perro”, “Rojo”, “Todos mirando” y “Contra la pared”, para seguir con “Abrir y cerrar” y la siempre especial “Esta es una noche de rock n´roll”.
La vitalidad desbordada de El Drogas, que parece descumplir años sobre el escenario, predominó mientras sonaban “Sean bienvenidos” (ahora completa), “La hora del carnaval”, “Sólo quiero tu boca” y “Esperando en un billar”. Acompañándole, sus inseparables escuderos Boni y Alfredo a las guitarras, y la más reciente incorporación de Ibi a la batería, que rindieron a gran nivel en temas rápidos como “Bahia de Pasaia”, “Okupación”, “Písale” (con un Alfredo notable a la voz) o “Deja que esto no acabe nunca”. La descarga siguió con “Haz lo que quieras (tu cuerpo)”, “La silla eléctrica”, “Barrio conflictivo”, “Pasión por el ruido”, “Víctima” y “No se que hacer contigo”. A esas alturas del concierto, el sudor y los vatios hermanaban a banda y público, que enloqueció con una parte final a base de artillería pesada: “Lentejuelas”, “Animal caliente” y “En blanco y negro”, dejando para el bis “Oveja negra” y “No hay tregua”. Con todo el mundo cantando aquello de “esta noche no es para andar por estas calles” abandonaron el escenario tras dos horas de pura entrega y energía, dejándonos con el buen sabor de boca al que nos tienen acostumbrados y demostrando porque tienen un merecido lugar en la historia de la música de este país.
Rosendo
Tras el preceptivo cambio de escenario y con el tiempo justo para que la gente se avituallase convenientemente, se volvieron a apagar las luces y una intensa expectación se adueñó del recinto. Todos los ojos escudriñaban el escenario, y allí, en su hábitat natural, hacía su aparición el de Carabanchel armado con su flamante Stratocaster negra, acompañado por Rafa al bajo y Mariano a la batería, su banda desde hace más de 20 años. Con tres toallas, agua, cerveza y tabaco sobre los amplis, estaba todo listo para arrancar: “A donde va el finado”, “Deja que les diga que no”, “Duele pensar” y “El asa del cubo” provocaron sentidas ovaciones que ya no pararon en toda la noche. Tras el afectuoso “buenas noches Cambrils”, nos esperaban “Por meter entre mis cosas la nariz”, “Como el pico de un colchón” y “En agua caliente” en una segunda tanda de temas que fue ganando intensidad con “A mi no me duele ná”, el “Menú de la cuneta” y la más reciente “Harto”.
De improviso, una de las sorpresas de la noche: “Los de siempre”, tema que no venía siendo habitual en las últimas giras, seguido de “Date por disimulao”, “Cada dia”, la declaración de intenciones que supone “Y dale”, y la locura que desata “Flojos de pantalón”, con un solo acongojante que sonó, siguiendo la tónica general de todo el show, de manera nítida e impecable. Desde el principio, pudimos confirmar lo que se ha venido comentando en los foros rosendianos de un tiempo a esta parte: la banda está en estado de gracia, con un Rosendo más activo, cómodo y comunicativo de lo habitual, pasándoselo realmente bien en los conciertos y con una especial complicidad con el público.
Casi sin darnos cuenta habíamos rebasado la hora de actuación, y llegaba el momento en que más de uno se iba a sentir mayor. El respetuoso recuerdo a Leño, obligatorio en cada gira, llegó en esta ocasión en forma de “El Tren”, uno de los clásicos de la banda que atronó de forma especial en la tierra de Toni Urbano y Ramiro Penas, las dos terceras partes del combo que vió crecer a Rosendo como músico. Aún con la emoción en el cuerpo, venía la traca y desmadre final: “El ganador”, “Pan de higo”, “Masculino singular” y “Agradecido” hicieron las delicias del respetable, mientras que los músicos se retiraban para tomar un merecido respiro.
Poco duró el descanso, y el himno “Maneras de vivir” abrió el primer bis, seguido por otra de las sorpresas de la noche, nada menos que “Borrachuzos”. Con las notas de un “Navegando a muerte” que siempre nos recordará al recintemente fallecido J. Carlos Heranz, “Hormigón”, se cerró un concierto donde un Rosendo pletórico volvió a sentar cátedra, dejando claro que tiene cuerda para rato. Y nosotros que lo veamos, maestro.
Firmado: Narderas
Nota. Fotos extraídas de la página del festival: cambrirock.com
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