
Habrá más de uno que no tenga el placer de conocer, pero de los grupos actuales de rock/metal que he escuchado, The Mars Volta son, junto con Tool, los únicos que incluyo dentro de la categoría de genios. Y esque, aunque hay mucho virtuoso por ahí suelto, esta banda une cerebro y corazón, razón y emoción, técnica e inspiración, como nadie.
La culpa de este caos ordenado la tienen, entre otras cosas, una batería imposible cercana al jazz, una voz aguda y emocional y una guitarra unas veces encabritada, otras sedada. Toda esta locura esta perfectamente conectada con los pasajes de calma y psicodélia y tiene denominación de origen: ese toque de ritmos latinos.
Este disco es un libro (por la historia que se cuenta), una pintura( por la inquietante portada que nos hace pensar y buscar una interpretación), una película ( por las imágenes en movimiento que nos evoca su escucha)… esto es puro art-rock. Poniéndonos solemnes y como un ciberfilósofo dijo una vez: “The Mars Volta nos hacen explorar los oscuros pasadizos y sinuosos senderos de la mente, como si de un gran edificio olvidado, sucio y de pesadilla se tratase”.
Estas calurosas noches de verano son de ellos y, desde hoy, Valencia y El Paso son ciudades hermanadas.
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