
Cuatro años habían pasado desde el fantástico A Matter of Life and Death, y no teníamos mucha confianza en el nuevo disco, pues aquel era su última obra maestra y las canciones promocionales The Final Frontier y El Dorado, carecían del punch al que nos tiene acostumbrados la banda.
La primera escucha nos revela un disco irregular. Lo comparo en este sentido al Fear of the Dark ya que en este habían grandes temas y otros que no lo eran tanto, más bien estaban de relleno. Nos encontramos con canciones largas, con aromas progresivos pero sin la inspiración y el engranaje del AMOLAD. Quizá en un primer momento (sigo en la primera escucha) llama más la atención la exquisita producción de Shirley que la composición y la interpretación propiamente dichas.
Pero es un error juzgarlo tan pronto: Después de un par de escuchas más, la valoración es más positiva. Nos hacemos a un sonido al que no estamos acostumbrados ( recuerda más al estilo de los últimos discos de Dickinson en solitario), y las canciones que nos parecían flojas ahora tienen sentido dentro del conjunto. Vamos interiorizándolo. Y vemos que está más cerca de un Dance of Death que de un Fear of the Dark. Y nos avergonzamos por haber dudado de ellos, porque a excepción de la pequeña mancha en su discografía a finales de los 90, sabíamos que es una de las mejores bandas de heavy metal de la historia, que son letales, que no fallan.
Irons forever!
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