
Si tuviera que poner una banda sonora a la frase hecha “entrando como un elefante a una cacharrería”, la música de Tumba Swing sería una firme candidata a musicar dicha expresión. Eso sí, un elefante que baila Rock & Roll descarnado de forma frenética, arrollando todo lo que encuentra a su paso. Rogelio, nombre real tras el pseudónimo artístico, fue el encargado de abrir el concierto de Guadalupe Plata en la sala Durango el pasado viernes 1 de julio.
A diferencia de otras ocasiones, este solitario Muchachito Bombo Infierno de serie B (véanse tan solo las similitudes en la puesta de escena: sentado con guitarra y bombo) imbuido del espíritu de Hasil Adkins, se hizo acompañar por el Sr. Espanto sobre las tablas, delirante armonicista con ciertas ansias de protagonismo durante algunas partes del concierto. Juntos se valieron para acribillar al público con un show salvaje repleto de rabia y entusiasmo que, sin embargo, pecó un tanto de monótono debido quizás al reparto poco equitativo de la artillería pesada del repertorio del grupo.
Llegó el turno de los ubetenses Guadalupe Plata y con ellos comenzamos una travesía por los arcaicos y sombríos páramos del blues. A los pocos minutos de concierto ya habíamos atravesado un túnel espacio-tiempo hacia el pasado. Sus canciones envolventes y contenidas no cesaron de dibujar en nuestra mente imágenes cinematográficas tales como carreteras secundarias y polvorientas, gasolineras desangeladas o cascabeles de serpiente…Durango pasó a llamarse Titty Twister y llamaradas de notas hipnóticas hicieron subir la temperatura. Hacía calor, “mucha” calor, tanto que según ellos “hasta los muertos sacaban los huesos al sol” y no era para menos, estábamos presenciando un recital abrasivo que nos mantuvo en trance incluso hasta después de haber terminado el concierto.
La noche del pasado viernes, nuestras almas se oscurecieron un poco más si cabe. Descubrimos lo que se “siente al matar un gatito”, renunciamos a la luz y con nuestro corazón lleno de chapapote, fuimos conscientes que tras asistir a la misa negra oficiada por Guadalupe Plata, jamás volveríamos a conciliar el sueño… Aunque en contrapartida, una pícara y malvada sonrisa nos acompañará durante toda la eternidad.
Redacción: Juan González (Juantxo Panza)
Fotografía: Antonio Pérez Valcárcel
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