
Si en la crónica del Legendario decíamos que Supersubmarina despedía a lo grande los últimos rayos del pesado sol del jueves en Burriana, a algunos metros hacia la derecha se erigía el monumental escenario DAS, esperando con ganas el acorde final de los de Baeza para escupir a escena a sus primeros habitantes. A las 21:00, con la característica puntualidad británica que nos ofreció el Arenal, salían ante su expectante público Dorian, cuando muchos siquiera nos habíamos secado el sudor del Cientocero jienense.
Con las sirenas de la intro de Simulacro de emergencia marcaban el comienzo de un directo que a mi parecer ganó en intensidad de una manera brutal a partir de su media hora de curso, cuando el rebelde sol desapareció por completo, dando un protagonismo espectacular a los efectos de iluminación y transformando por completo el ambiente de la actuación en lo que se merecían los artistas. Bordando los seis temazos esenciales de su actual trabajo La ciudad subterránea, no sobra destacar momentos imborrables como el rescate de temas del segundo disco como Más problemas (obsesión personal); La noche espiral, en la que el propio cantante se aventuró a protagonizar un solo de percusión y a continuación, dejándose llevar por la emoción de un público tan encendido, bajó personalmente al foso y eligió a siete afortunados que le acompañaron a seguir bailando sobre el escenario; y, por supuesto, su ya himno generacional Cualquier otra parte, momento de especial carga emocional palpable tanto en el gentío como en los artistas, especialmente en el vocalista, Marc Gili, que no cesó de dirigirse a los presentes.
El final fue más que apoteósico con una Tormenta de arena que impulsó al público a seguir coreando el estribillo durante varios minutos después que el tema hubiera terminado. Realmente emocionante. Un grupo que a priori se topaba con el sinsentido de un horario tan temprano para sus características y supo sin duda darle la vuelta a la tortilla, dejando un sabor de boca inmejorable.
La que también se enfrentó al factor horario jugado a los chinos fue Lourdes Hernández, que hacía aparición bajo su rótulo de neón rosa pasada la medianoche, aburriendo hasta a la última oveja, que prefirió volver con su rebaño a seguir pastando en el paseo de la playa.
Lo vivido la noche siguiente en Vetusta Morla no tuvo más nombre que Love Parade, porque los fans del grupo revelación del último año gozaron absortos en lo poético de sus temas, en su mayoría pertenecientes a su nuevo Mapas, pero los no especialmente seguidores que nos pilló allí en medio llegamos a temer por nuestra vida en caso de que la marabunta viviera cualquier tipo de urgencia.
La tónica dominante en el DAS fue beber de las fuentes del indie y el rock de nueve a cuatro, momento en que se daba paso a la electrónica y a vivencias tan interesantes como escuchar con total nitidez a una brillante Eme Dj mientras te duchas (verídico), esas pequeñas ventajas de la vida en el Camping A, descansa como puedas.
A destacar de la jornada del sábado sobre todo el llenazo de El Guincho a primera hora frente a unos «Rinôcérôse» que, también mal ubicados a medianoche, y en consecuencia algo flojos, sobre todo teniendo en cuenta que eran los cabeza de cartel del día, fueron en consideración general la gran decepción en Burriana. Por fortuna, tocaban las 2:30 cuando Santi Balmes hizo aparición con sus gafas intergalácticas (consúltense las fotos) para volver a levantar a todos los raros que fuimos al concierto. Actuación muy vapuleada por la crítica, en referencia a la excesiva comercialidad del repertorio o las pocas ganas que los catalanes pusieron en ella, pero que personalmente tuve la oportunidad de disfrutar desde bastante cerca, sin ser una gran devota, y me pareció uno de los mejores momentos del festival.
El domingo aún quedaban ganas, pero en nuestro caso decidimos aprovechar las ya comentadas ventajas acústicas del camping para escuchar de nueve a once, bien sentaditos en el que fuera nuestro hogar por media semana, la sucesión de rumberos que iban pasando por el DAS. No fue hasta las 2:00 cuando consideramos causa de fuerza mayor movernos hasta el recinto y reservar un puesto en primera fila de lo que se preveía (si seguía con el ritmo al que nos tenía acostumbrados a los más fieles) un conciertaco: en media hora tocaba La Pulquería.
Lo de los mariachis más punkis de este lado del charco es que no tiene nombre. La continua actitud orgásmica del Huracán Romántica (voz) sacudió hasta la última tabla del escenario y los ríos de sudor corrían desde su torso hasta cada uno de nuestros recovecos quemados por el sol: era imposible no salir de allí con unos cuantos kilos de menos. No puedo ocultar el plumero porque soy una auténtica enamorada de este grupo, pero es que lo que son capaces de hacer sobre (y al bajar de) un escenario me parece algo fuera de lo común. Hasta con temas más lentos como Plata o plomo la gente les seguía en éxtasis, y entre bote y bote llegó el tan esperado momento: tequila para todos, un clásico en sus directos. En este caso fue otro plumero el que se vio, pues la habitual botella de José Cuervo había sido en este evento casualmente sustituida por una de ron… de leyenda. Pero bueno, el cantante siguió con su especial lucha por hacer sentir al público como en su propia bacanal casa, lanzándose a la multitud, hablando sin parar, regalando alcohol… Terminó sin camiseta hasta el trompetista, de grandísima actuación como siempre, a destacar en temazos como El día de los muertos y Gitano, grandes clásicos del grupo. Otro de los temas a destacar fue En paz, perteneciente a su último trabajo autoproducido, que dejó patente, frente a las numerosas críticas de algunos, la calidad acústica que podía llegar a demostrar el DAS. Cuando ya parecía que habían lanzado su última gota de sudor, llegaron los merecidísimos voceos de “¡Otra, otra!” y ni cortos ni perezosos salían de nuevo, esta vez ataviados con máscaras de lucha libre mexicana, como en sus orígenes, para interpretar la movidísima La migra, dando un punto y final sublime a lo que para algunos fue la última actuación del festival.
Lo de The Zombie Kids, ya es harina de otro costal…
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