
Está bien eso de no tener que meterte 400 km entre pecho y espalda para ver a los californianos No Use For A Name en directo. Desde 1999 no tocaban en Valencia y aun así la sala, con un aforo oficial de 500 personas, registró poco más de media entrada.
Pero antes de que uno de los grupos emblema del hardcore melódico saliese a escena, tocaba disfrutar de los torrentinos No Regrets. Sonaron bastante bien y el setlist fue extenso, pero la recepción del público fue algo fría. No fue hasta que se decidieron a tocar Dumpweed de Blink-182 que los asistentes despertaron —aunque tampoco mucho. Tras uno 40 minutos de actuación abandonaron el escenario y la gente se empezó a acercar al escenario, aunque sin apelotonarse. Como diciendo «quiero ver el concierto de cerca pero sin mancharme».
A las 22:50 aparecían los cuatro componentes de NUFAN en escena a través de una densa cortina de humo. A pesar de que empezaron con un himno como Not Your Savior, el público seguía bastante frío. No fue hasta el cuarto tema —Coming Too Close— que la gente se animó de verdad. Aun así solo había unas 30 personas metidas de lleno en pogo. Eso hacía que pudieses entrar y salir de él cuando te diese la real gana. Sin dudas uno de los conciertos de punk rock más cómodos de la historia. Que oye, a veces se agradece no estar todo el concierto aguantando hostias o un sobaco peludo y sudado en tu oreja.
Dos temas míticos como Chasing Rainbows y Soulmate fueron los siguientes en caer, la gente del pogo se lo gozaba, algunos saltaban del escenario, y el resto del aforo bebía tranquilamente su cerveza.
Con Friends of the Enemy, perteneciente a Hard Rock Bottom —uno de los mejores discos de la banda— la sala se vino, relativamente, abajo. Es uno de los temas favoritos de la gente y se notó.
La decoración de la sala —fotografías de gran tamaño de grandes figuras de la música como Dio, Elvis o Slash— sirvieron a Tony Sly (cantante) y Matt Riddle (bajista) para intentar conversar con el público, pero el dominio del inglés no es algo que prevaleciera, al menos entre las primeras filas del concierto. Como refleja el «Eh, tío, no pille res!« que soltó uno de los chavales que estaban a mi lado.
Hay que recalcar que aún se echa de menos la presencia del guitarrista Dave Nassie en el escenario. Su sustituto, el ex-Lagwagon Chris Rest, no tiene ni la mitad de la presencia escénica de Nassie. El batería titular de la banda, Rory Koff, está ausente en esta gira pero su sustituto —Boz Rivera— cumplió como el que más. Es muy rápido.
El concierto llegó a su ecuador con On the Outside, generando un pogo bastante decente que provocó que varias cervezas se derramaran. Por supuesto una de ellas aterrizó en mí. Pero bueno, con la sudada se agradece algo fresquito, aunque sea a nivel dérmico.
La entrega de las personas del pogo desde aquí hasta el final fue máxima, y es que empezaron a caer temazos clásicos como A Postcard Would Be Nice, Invincible, Justified Black Eye o Dumb Reminders —se agradeció que tocasen algo tranquilito como The Trumpet Player para pillar energías de cara al final del concierto.
En medio de Straight From The Jacket se formó un trenecito que dio una vuelta por la sala el ritmo de la canción —el que escribe se unió a él, porque… bueno, ¿por qué no unirse a una conga en medio de un concierto?
La siguió uno de los momentos más clásicos en un concierto de NUFAN, The Answer Is Still No. El comienzo de esta canción —sacado de la película Glengarry Glen Ross— se lo sabe todo el mundo y va así:
Tony Sly: Hey, what’s your name?
Público: Fuck you! That’s my name!
Y entonces empieza la tralla. Tan simple y tan efectivo.
International You Day, la canción emblema del grupo cuya melodía inicial el público no puede evitar tararear, fue con la que abandonaron el escenario para dar paso al bis.
Tony Sly daba inicio al bis tocando en solitario y acústica en mano el principio de Let Me Down, con el resto de la banda uniéndose a mitad tema en formato ya eléctrico. La canción que abre su último disco, Biggest Lie, la seguía.
El concierto terminaba con Feeding The Fire, un tema rápido de sus inicios en el que Tony le dejó su guitarra al roadie para centrarse en berrear y hacer cantar a la gente los “ooooooh ooooh”s típicos, Al final todos contentos, el público porque ha podido ver a NUFAN al lado de casa y los californianos porque han conquistado una plaza que no pisaban en mucho tiempo —aunque fuese en Acción de Gracias y en vez de pavo al horno estuviesen degustando un plátano y Coca-Cola Zero.
Texto y fotos: Pedro Monedero
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