
Pocos grupos del ámbito nacional actual consiguen despertar entre sus seguidores el buen rollo que destilan los integrantes de Delafé y las Flores Azules. Con Oscar (sin acento, como es perceptivo en italiano) y Helena (con hache, del català) al frente y acompañados por grandes músicos como Juliane , la guitarrista-corista, y Dani Acedo a las bases, con Ramón a la batería y las Trompetas de la Muerte (sólo dos de los tres miembros que comenzaron la gira, Ferran y Ramón) comenzó el espectáculo en una sala Mirror casi llena y donde la gente iba haciendo uso de la consumición gratuita de Jack Danniels, que ha apostado por patrocinar estos últimos conciertos de la gira de la banda catalana.
Río por no llorar abría una primera tanda de 35 minutos de música ininterrumpida con temas de los tres discos de la formación, antes conocida como Facto Delafé y las Flores Azules y que en este tercer disco ha perdido a Marc Barrachina (Facto) pero ha ganado encima del escenario a toda la banda, lo que les ha llevado a dejar (un poco) de lado los lanzamientos de confeti o la máquina de hacer burbujas de jabón, aunque esto no les ha hecho perder colorido y el carácter festivo de sus shows. Gran parte de estos rasgos se los aportan los bailes de Oscar Daniello (Delafé) o el hombre de goma que acaba durante los conciertos no permanece quieto en ningún instante demostrando una habilidad que, para los torpes como quien esctibe, parece llegada de algún planeta exterior. Su derroche de energía le supone un cambio de camiseta, mínimo, por concierto.
Posteriormente, el mesías Delafé explicó que, «al ser un rapero, soy un poco chulo y me creo Dios. Por eso, cuando alguien estornuda estoy intentando que se responda Delafé». No obstante esa actitud no corresponde para nada con su comportamiento en el escenario ni con el contenido de sus letras, que hablan de situaciones cotidianas y que destilan el mismo buen rollo que la formación encima del escenario. Esta introducción sirvió para comenzar con La Primavera, en la que por cierto, Helena Miquel olvidó estornudar cuando le correspondía, pero lo arregló con la mejor de sus tímidas sonrisas. Una timidez escondida y disimulada que salió a la luz cuando, animado por Oscar, el público comenzó a corear su nombre para que bailara el steady running o correr parado, típico baile de la formación. «Si ella, que es la persona más patosa que conozco, puede hacerlo, vosotros también». Nadie, salvo los que estaban al fondo de la sala, pudo probarlo… demasiada gente, nada que ver con el concierto de hace apenas un año en Castellón en el que el público pudo bailar sin problemas.
Con este baile, llegó el momento de Espiritu Santo, primer single de Vs Las Trompetas de la Muerte y que significó en el 2010 un nuevo impulso a la carrera de este grupo de hip-pop. Nueva tanda de música ininterrumpida que acabó con otro de los momentos emotivos de la noche, cuando Oscar volvió a recordar que era la cuarta vez que esta gira les llevaba a València y la vez que más personas habían reunido. Además, presentó Mar, el poder del Mar como la primera canción que le escribió a Helena y no la última. Así, con el rubor de la catalana y un par de temas más se llegó a eso que se debe llamar el final del concierto pero que nunca lo es.
Llegaron los bises. Nuevos bailes, nuevas canciones para acabar despidiéndose con Poquito a poco y La compra que sonó enlatada mientras el grupo bailaba desordenado por el escenario y Helena cantaba el estribillo. Una gran actuación de un grupo que está afianzándose en el panorama musical y que ya ha sido presentado como una de las novedades del próximo Arenal Sound que se celebrará en Burriana el próximo verano.
Firma: Xus Sempere
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