
Nick Lowe ofreció en El Loco una versión abreviada de sí mismo.
Con sus canas dibujando un caricaturesco tupé y sus enormes gafas de pasta se presentó ayer el artista Nick Lowe sobre las tablas de El Loco. Tras un más que aceptable teloneo a cargo del pianista Graint Walkins, el carismático sesentón se dispuso sobre un taburete (que ya pintan primaveras…) y ejecutó un par de temas en solitario de su último álbum The Old Magic. A continuación aparecieron en escena cinco brillantes músicos, dentro de la pauta de esa tierra de nadie que Nick Lowe domina tan bien. Es gratificante encontrarse entre el rock cincuentón, la new wave y una especie de country a lo british, un concierto que nos hace rebotar de uno a otro sin saber con cuál quedarnos. Todos son igual de atractivos.
Lowe sabe hacerlos igual de atractivos.
Con buen humor y haciéndose enseguida con el público, desgranó bastantes de sus últimos temas siendo capaz, como una buena película de Wilder de trasnmitirnos con hondura y elegancia llegar tanto las baladas, las melodías más delicados hasta el swing rítmico mueve-tus-caderas. Le bastó ejecutar con corrección los temas de The Old Magic (cuya calidad habla por sí sola), soltarse con su imperecedero Cruel to be kind e insertar algunas lindezas de anteriores entregas. La elegancia de Lowe y su grupo y la profesionalidad que da la veteranía hicieron el resto.
Pero de veteranos pecaron, no sabemos si por cansancio o por falta de ganas, al tocar poco más de una hora. Se alargó demasiado el momento previo al bis (ese lapso ‘me-hago-de-rogar’) para ofrecernos únicamente dos temas más. La calidad de las canciones y de la ejecución llevaban hasta el momento un listón muy alto, y el público se quedó esperando un segundo bis que nunca llegó.
Por otro lado, mi acompañante y yo nos percatamos de que éramos los únicos en la sala por debajo de los 30 años (y si me apuran, de los 40). Una lástima que Lowe (o quien quiera que distribuya su música) no haya hecho el esfuerzo de dirigirse a públicos más jóvenes, pues su música parece estar tocada con un halo de atemporalidad capaz de acariciar el oído de cualquier aficionado al pop-rock y alrededores, así se encuentre en su más tierna adolescencia.
Comenta o muere