
El pasado jueves 22 de diciembre hicimos la inspección rockera de la sala Wah Wah. Como propuesta llegaban Pretty Becky y The Void que empezaron con apenas media entrada, mientras terminaban de llegar los más remolones, hasta completar un aforo bastante digno teniendo en cuenta la competencia con las tradicionales cenas de empresa, para aquell@s que todavía trabajen en una, claro.
En cualquier caso, y para su desgracia, los que apuraron al máximo se perdieron una de las mejores partes del concierto. Sobre las 23h, y a modo de presentación, el batería de The Void, Carlos Ribera, una auténtica máquina de aporrear instrumentos de percusión sin perder nunca la sonrisa ni las gafas de sol, comenzaba el espectáculo con un solo de batería, y de los que tienen doble pedal, oiga, que servía de introducción al primer tema de la noche: Trust the wolf. La puesta en escena se completaba con una formación ausente de bajo, formando una composición inusual para lo que estamos acostumbrados a ver en un concierto de rock ya que por momentos la banda se componía de voz, trombón, órgano y batería dándole un aire cabaretero, y volviendo al rock cuando Albert Marco alternaba el trombón con la guitarra.
Pese a llevar – según sus propias palabras – tiempo sin ensayar juntos, The Void, dió un ejemplo de actitud en un escenario. Innegable es su calidad como músicos pero ayer consiguieron sumar enteros por aquello que no se puede comprar. Un perfecto ejemplo de transmitir emociones para confirmar cómo su sonido mejora notablemente en concierto y añade rasgos distintivos que hacen que se aprecie la experiencia de verlos en directo: partes de canciones cantadas a dúo entre Sara Requena, voz principal, y Nacho Roca, teclista y voz, desarrollando ese aire de cabaret con ayuda de un sombrero de bombín y otros tantos que caerían entre el público.
Tras la pausa de rigor llegaba Pretty Becky que empezaron con el tema designado por sus fans en facebook como canción para abrir el concierto, la genial y movida Average Astronauts & Sandcastles que supuso el éxtasis para algun@s de los allí presentes, empezando por momentos una batalla de empujones que dejaba un reguero de gritos agudos y olor a nenuco, inaugurando un concierto plagado de contrastes.
La banda, cargada de ritmo, continuaba con Sunglasses for the rainy days, Take your time y Enter the hall of mirrors con tanta energía que fue contraproducente para una de las cuerdas de la guitarra de Jesús Hernández, un pequeño traspiés que la banda no acusó demasiado al tener otra preparada pero interrumpió la secuencia de canciones prevista provocando un coitus interruptus en más de un@. Tras las disculpas continuaron con varias canciones de sus dos EP’s: What do the Scottish people like? y Beast. Smoke. Cannonballs. – éste último disponible en Spotify desde el concierto – presentando entremedias una magnífica versión de I bet You look good on the dancefloor de Arctic Monkeys y, a modo de regalo, un tema inédito (e incompleto), que Marcos Doubtfire, cantante, disfrutó con el resto de asistentes mientras sus compañeros seguían tocando.
Tras el clásico falso final de concierto el grupo volvió sobre los escenarios, de manera breve eso sí, puesto que Jesús Hernández lo volvía a conseguir, otra cuerda de guitarra nos dejó durante algunos minutos sin música mientras se buscaba guitarra suplente. En contraprestación pudimos escuchar de nuevo Average Astronauts & Sandcastles en modo acústico, un rareza improvisada por Marcos, Ángel Escudero, guitarra, e Iñaki Ariste, batería, que se agradeció tanto como cuando Borja Martínez, teclista aunque guitarra en este caso, Marcos y Pablo Poblet, bajo en todo el concierto pero a la armónica para la ocasión, nos deleitaron con Young southern love, estupenda canción con tintes sureños.
Un muy buen concierto, recomendado para aquell@s que pueden viajar en el tiempo y volver a verlo.
Fotos y vídeo de @martamn.
Comenta o muere