
Hace apenas cinco meses estábamos en una de esas reuniones en las que primero va la cerveza y luego las preguntas. Recordábamos con el cariño propio de cervezas a un euro nuestra trayectoria, hacíamos balance de los artículos, crónicas y entrevistas del mes anterior mientras preparábamos las del mes siguiente hasta que surgió la idea.
Volver a celebrar nuestro aniversario, esta vez con un concurso de maquetas. Nos entró la risa al principio pero vimos las opciones después, ¿somos rockeros o helados de yogur? A mi me gustan con chocolate, y el yogur poco ácido.
Largo camino de actualizaciones, noticias, búsqueda de patrocinadores, decisiones difíciles (¿ponemos a Elvis o a Ozzy?), hablar con grupos, buscar sede, al jurado, pegar carteles, entrevistas, engañar a Henry Lee para que viniera, votaciones, manualidades, graffitis sobre los carteles, animaciones, ponte aquí para la foto, cuenta los votos, recuenta los votos y, a pesar de todo, mantener el ritmo de la revista.
El festival supuso para mí una visión diferente, la del networker de los conciertos, el taquillero: gente que entraba, salía, ahora te pongo el cuño, ¿tú has pagao? ¿eres músico? No, no es un concierto benéfico en favor de una protectora de animales, bueno… sí, son 6 euros. La gente se lo estaba pasando bien, tres grupos con tres apuestas distintas presentaban batalla; me escapé alguna vez para gritar varios de nuestros #hashtags pero el festival iba sobre ruedas.
Agradezco a los grupos que no fueron seleccionados su asistencia por poderles conocer y agradezco también todo el compañerismo que se ha respirado durante el concurso entre los grupos desde sus muros de facebook. Esto es una apuesta por el rock n’ roll, independientemente de quién la hiciera.
Mi falsa mini crónica es, en realidad, una nota de agradecimiento a tod@s los que han colaborado para que este festival salga tan redondo y para pedirles que no se vayan muy lejos, amenazamos con volver.
Comenta o muere