
Siempre que se acercan estas fechas espero deseoso que el comité de fiestas de Almassora anuncie cuál va a ser la actuación prevista, porque hay que reconocer que tienen una predilección clara por el rock y el lugar que tiene que ocupar en las fiestas de su pueblo, que a diferencia de otros le otorgan un papel capital en el devenir festivo, como himno de pueblos y válvula de escape y expresión para tantos, y así lo demuestran los pedazo carteles que se curran año tras año.
Estos períodos festivos tan característicos de los pueblos de nuestra tierra, y que tan amados son por las gentes tanto de intra como de extrarradio y por supuesto por los habitantes de tan dichosas localidades, marcan un antes y un después en el año, fijando el punto donde muchos paran de contar días, para empezar a descontarlos. Pues bien, ese mismo efecto podía causar el concierto de los Marea para muchos de los que allí se congregaban, pues esto del rock es como una droga, si intentas meterte una alta dosis sin antes tener cierta tolerancia, o la espichas o bien te quedas majara. Rocanrol de alta graduación para una noche en que las estrellas enmudecieron viendo lo que abajo se desataba.
Apagón de focos para de repente empezar a oírse unos latidos provenientes de las altas torres de sonido, tan profundos como si del centro de la tierra vinieran, se fue acelerando a la vez que lo hacían los de los centenares de personas arremolinadas alrededor del impresionante tablao. Aparecen los componentes en silencio y entre sombras y con el dinámico punteo de Bienvenidos al secadero empieza el concierto. El Piñas dando botes, César de aquí para allá frenético, el Colibrí con la guitarra echando chispas y Alén sentado en su trono aporreando los tambores, solo faltaba Kutxi que no tardó en aparecer ataviado con su sombrero gitano y su barba, rompiendo su sombra tan característica contra el fondo del escenario.
«¡Buenas noches, compares y comares!», así fue como saludó al respetable antes de que pasaran a tocar La majada, mientras se encendía el primer cigarrillo, en todos los trabajos se fuma, ¿no? Hay que ver cómo sonaban, el Colibrí parecía que iba a prenderse fuego de un momento a otro mientras punteaba el cacharro.
Después de esta primera toma de contacto vino todo un clásico, con la canción Duerme conmigo muchos rememoramos aquellos tiempos del Revolcón y se nos pusieron los dientes caninos pensando todo lo que podían tener guardado para aquella noche que no había hecho más que empezar. Con la canción siguiente, En tu agujero, y cubriendo el hueco del Robe salió al escenario Juanito, cantante del grupo En espera, a quien Kutxi recibió con un abrazo, «¿Quieres un cigarro, Juanito?».
Ahora sí, una breve presentación oficial y primeros agradecimientos, primero a los que organizaron el concierto, después a los En Espera y al final por supuesto a todas esas caras sonrientes del foso. Ahora de forma rabiosa se sucedieron las canciones Canaleros, Petenera y las clásicas Que se joda el viento y Manuela canta saetas, canción en la que Kutxi se marcó un pasito doble con una gracia bastante respetable para disfrute de los de la vieja escuela.
Momento de reposo tras la agotadora tanda y aquí pidieron un momento de reflexión para presentar la próxima canción. Entre la vorágine de información en la que en la actualidad nos vemos sumergidos vale la pena echar un vistazo atrás para recordar y no olvidar aquellos objetos rectangulares que tantos sueños guardan y esconden, llamados libros; y con una cita de García Lorca, «al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre», Kutxi dio paso a la canción Las últimas habitaciones.
Después de los aplausos se creó un momento de silencio que rompió una voz «Cuando se te olvide esta noche vas a tener un castigo, dormir con otro y soñar conmigo” y sin tregua empezó Corazón de mimbre. Aquí creo que vimos algunos rostros rejuvenecer con esa expresión de chiquillo que empieza a descubrir qué es eso del rock. Nuestro cuerpo estaba allí pero nuestra cabeza había regresado a aquellos días de inocencia.
A continuación interpretaron las canciones Ojalá me quieras libre y El día que lluevan pianos, justo antes de que Kutxi se pirara —según él, a por la medicación— dejándonos con el, ahora, segundo mejor cantante del mundo, el Piñas, que se marcó las canciones Con la camisa rota, Alfileres y Trasegando revolucionando al público.
Una vez se recuperó la formación original los grandes temas añejos se sucedieron uno tras otro, Ciudad de los gitanos, Barniz, La rueca, Como los trileros, canción que dedicó a su hermano Martín que comparte voz en la original, e intercalándose, temas del último disco como Pedimento o Sobran bueyes. Todo esto con los cientos de comentarios entre canción y canción de Kutxi que no paraba de hablar arrancándonos carcajadas y alguna lagrimilla.
Así llegamos casi al final, ya que iban anunciando la inminente despedida, pero antes venían las presentaciones de los miembros de la banda y del enorme equipo técnico que trabaja detrás, entre las bambalinas, todo con una foto de grupo que confesaron que era la primera ya que «nunca estamos todos juntos, siempre hay alguien que está fumándose un porro, o por ahí…». Después interpretaron Romance de José Etxailarena, justo antes de descolgarse los instrumentos y esconderse antes de los bises.
Un diluvio de aplausos recibieron a los cinco componentes que no tenían prisa por largarse, y es que aún faltaban las canciones que mucha gente estaba pidiendo casi desde el principio. Así sucedió, El perro verde, Como el viento de poniente y Marea sonaron al ritmo enfervorecido de los saltos y gritos del tremendo público, sabiendo estas tres últimas canciones a esa última calada antes de quemarte la punta de los dedos y que te deja el cuerpo dormido, la cabeza aturdida y la sonrisa de atontado dibujada en la cara.
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