
Tarde de flamenco la que vivimos este domingo de resaca, después de un fin de semana cargadito. La cita era en El Café del Duende, uno de los pocos bares de la ciudad que se dedican a ensalzar este arte lleno de sentimiento y de duendes, muchos duendes hay que guardar dentro, buenos y malos.
El local es un sitio recogido, con capacidad para apenas 100 personas, y propicio para disfrutar del flamenco a capela, sin artificios, donde se pueden sentir el sudor de los artistas y las vibraciones de sus taconeos. Como en los tablaos de toda la vida.
Con Sangre de Cebolla es un espectáculo inspirado en varios poemas de Lorca y Miguel Hernández, de la generación del 27, con Kike Naval a la guitarra, Víctor Guadiana al violín, Isabel Julve al cante y baile y Rosa Sanz y Julia Jimeno al baile. Por lo que pude apreciar la actuación está muy bien hilada, es dinámica, equilibrada y tiene momentos para que cada componente se brille, tanto como por separado como en el conjunto. Hay momentos de baile en solitario, de toque, baile y cante, castañuelas, cante a capela, etc.
A diferencia de otros estilos musicales de los que sí podrá profundizar más, en el flamenco no me atrevo a dar un paso en falso, y apenas sé diferenciar si se van por peteneras, bulerías o seguidillas. Pero no hace falta entender mucho si la actuación te ha dejado con los pelos de punta y un nudo en el estómago.
De todas formas, curioso de mí, fui a preguntar a los artistas y según me comentó Isabel, cantaora, bailaora y directora del proyecto, la obra está dividida en dos partes, una primera más sobria y de lamento a la que le sigue una segunda más alegre y desenfadada.
Entre los temas pudimos escuchar en canción algunos versos del poema Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández y otros tantos de Los cuatro muleros, La tarara o Anda Jaleo, de Lorca, convertidos en bulería. También adaptaciones de La Playera de Sarasate (un gran violinista del finales del siglo XVIII) , del compositor Manuel de Falla y un tema propio de Isabel dedicado a la muerte de María Pineda, heroína granadina y protagonista de una obra de teatro de Lorca.
Me sorprendieron las miradas entre los artistas, cómo todos eran uno, formando parte de la misma cosa. Comprendí que no se puede bailar ni tocar si no se está sintiendo a cada giro, rasgueo o cada tacón que se clava en el suelo. Para Isabel «el flamenco es temperamento, alegría y tristeza, de echar todo lo que uno lleva dentro. Va en nuestro carácter».
Finalmente, como tenía que ser, llovieron rosas entre un largo aplauso que terminó sin el bis esperado. Pero nos dejaron satisfechos, aunque con ganas de más. En octubre repiten y creo que volveré.
Texto: Sergio ‘Kaiku’
Fotos: Leo Smith
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